Alma VI
Ríos de lava y nubes de ceniza,
he llorado y he usado como lecho.
Y es un hecho que no he conocido
otra cosa más que llorar,
como un Sísifo que traga fluoxetina
para caer de nuevo en la rutina y en la penumbra.
Así mi alma se presenta herida
en una agonía eterna pero no mortal,
desangrando los grises de los mundos.
Así se arrastra mi cuerpo
en un eterno letargo, en un atardecer
que no acaba, más pesado que el plomo.
Ese sabor metálico de la eterna melancolía,
esos asfixiantes humanos y sus vidas,
el corre-corre que llega a corroer
haciéndonos pedir un alimento,
que comer, ¿y luego?
Luego solamente queda el lamento.
No hay escapatoria del infierno,
no hay alivio ante lo eterno.